BOXEO TOTAL: Cronica de la pelea entre Nicolino Loche y Paul Fuji en Japon

lunes, 29 de junio de 2026

Cronica de la pelea entre Nicolino Loche y Paul Fuji en Japon


GH

El 12 de diciembre de 1968, el mítico estadio Kuramae Kokugikan de Tokio se convirtió en el escenario de una de las mayores obras de arte de la historia del boxeo. Aquella noche, el mendocino Nicolino Locche, apodado con justa razón "El Intocable", le dio una lección magistral de boxeo defensivo al hawaiano-japonés Paul Takeshi Fuji, arrebatándole la corona mundial de peso superligero (welter junior) de la AMB.

Esta es la crónica de una noche donde un hombre noqueó a su rival sin necesidad de demolerlo a golpes, sino destruyendo su espíritu.


El Contexto: El Toro contra el Torero

Takeshi Fuji era un campeón de una fuerza temible, un noqueador devastador que peleaba ante su público y que pretendía pasar por encima del retador argentino con su agresividad. En la otra esquina estaba Locche, en apenas su segunda pelea fuera de Argentina. Un hombre de mirada cansada, calvicie incipiente, que fumaba sin parar en los entrenamientos y que desafiaba todos los manuales del atleta moderno. Las apuestas no le favorecían, pero él traía una estrategia perfecta ensayada tras meses de concentración.

El Combate: Pegarle al viento

Desde el sonido de la campana inicial, la dinámica de la pelea quedó sellada. Fuji salió a buscar el nocaut con furia, lanzando bombazos cruzados con intenciones letales. Sin embargo, en lugar de encontrarse con un rival que retrocedía o se cubría, se topó con un fantasma.

Locche no usaba las piernas para correr por el ring; se plantaba a centímetros de Fuji. Con sutiles movimientos de cintura, flexiones de cuello y una sincronización perfecta de la rodilla y el hombro (el clásico shoulder roll), hacía pasar los puños del campeón a milímetros de su rostro.


  • Los primeros asaltos: Fuji lanzaba golpes que solo impactaban el aire. En el boxeo, no hay nada que agote más físicamente —y que destruya más psicológicamente— que errar un golpe con toda la fuerza del cuerpo. Fuji caía en el vacío, llegando incluso a perder el equilibrio por la fuerza de sus propios lances fallidos.

  • El martirio del Jab: Mientras Fuji se desgastaba, Nicolino comenzó su ofensiva de manera quirúrgica. Con una izquierda relampagueante que funcionaba como un estilete, empezó a castigar el rostro del campeón. No eran golpes de nocaut, pero la precisión milimétrica del jab y los ganchos cortos al cuerpo empezaron a hacer mella. Para el quinto asalto, los ojos de Fuji ya daban muestras de una inflamación severa.

El Quiebre Psicológico

Hacia la mitad de la pelea, el Kuramae Kokugikan, que había comenzado con un rugido ensordecedor apoyando a su campeón, cayó en un silencio sepulcral, interrumpido solo por los murmullos de asombro. Lo que estaban presenciando no era una pelea, era un monólogo.

Locche, completamente relajado, empezó a desplegar su característico show. Apoyaba la espalda en las cuerdas, bajaba los brazos por completo, ofrecía la mandíbula y, con un juego de vista inverosímil, esquivaba ráfagas enteras de golpes de Fuji. En los clinches, Nicolino miraba a los fotógrafos de primera fila, sonreía e incluso le hablaba al oído a un Fuji frustrado y al borde de las lágrimas.


"Le bajaba los brazos, lo miraba de reojo como diciendo: '¿Esto es todo lo que tienes?'. La destrucción ya no era física; Locche le había quebrado el alma".

El Noveno Round y la Capitulación

Para el noveno asalto, la superioridad de "El Intocable" era absoluta. Fuji ya no veía los golpes; sus dos ojos estaban prácticamente clausurados por los implacables e invisibles impactos de Locche. El argentino lo sometió a un castigo a voluntad, conectando combinaciones arriba y abajo ante un campeón que ya solo tiraba por puro orgullo, pero sin ninguna dirección.

Al sonar la campana que daba fin al noveno round, Fuji llegó a su esquina destruido. Cuando sonó el llamado para el décimo asalto, el campeón se quedó atornillado a su banqueta. Sus ojos cerrados por los hematomas y su espíritu completamente quebrado dijeron basta.

Cinco segundos después de iniciar el décimo round, el árbitro Nick Pope decretó el nocaut por abandono (RTD).

Nicolino Locche se coronaba campeón del mundo de la manera más pura en la que se puede concebir este deporte: el arte de pegar y no dejarse pegar. Aquella noche en Tokio, "El Intocable" no necesitó mandar a su oponente a la lona de un golpe; le bastó con esquivarlo hasta obligarlo a rendirse.

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