BOXEO TOTAL
Cronicas, reportajes, noticias del fabuloso mundo del BOX
viernes, 17 de julio de 2026
Hablemos del Mantecas.....
jueves, 16 de julio de 2026
Cronica de la pelea entre Oscar Bonavena vs Muhammad Ali. Comentarios
Gustavo Hidalgo
El 7 de diciembre de 1970, el mítico Madison Square Garden de Nueva York fue el escenario de una de las batallas más dramáticas, psicológicas y descarnadas de la historia del boxeo: el enfrentamiento entre Muhammad Ali y el argentino Oscar "Ringo" Bonavena.
No se trataba solo de un combate eliminatorio para disputar el título mundial ante Joe Frazier; era un choque de titanes, de egos y de escuelas de vida. En Argentina, la pelea paralizó al país, alcanzando picos históricos de audiencia en televisión (casi 80 puntos de rating) que solo serían superados décadas después.
🥊 La Previa: El show del "pico" y la psicología
Antes de subirse al ring, la pelea ya se jugaba en los micrófonos. Ali era famoso por destrozar mentalmente a sus rivales con rimas y provocaciones, pero esta vez se topó con una horma de su zapato: un guapo de barrio, pícaro, histriónico y sin ningún tipo de respeto por el "Más Grande".
Bonavena, con su característico acento y su asombroso desparpajo, lo llamó "gallina" en la conferencia de prensa (acusándolo de esquivar el servicio militar en Vietnam), se tapó la nariz sugiriendo mal olor y le repetía: "¿Por qué no vas a Vietnam si sos tan guapo?".
💥 Crónica del Combate: Asalto por Asalto
El inicio: El torero contra el toro (Rounds 1 - 3)
La pelea comenzó con el libreto esperado.
El desgaste y la sorpresa (Rounds 4 - 8)
Para el cuarto asalto, Ali comenzó a sentir el cansancio físico de su largo retiro de tres años del boxeo. Decidió apoyarse contra las cuerdas para dosificar energías. Fue ahí cuando Bonavena empezó a hacer daño de verdad. Con golpes brutales a la zona blanda y ganchos de izquierda al rostro, Ringo empezó a incomodar seriamente a Ali, quien ya no bailaba con la fluidez del principio.
El noveno asalto: La caída que no fue contado (Round 9)
En el asalto de la profecía de Ali, ocurrió el drama.
Batalla de desgaste (Rounds 10 - 14)
El combate se convirtió en una guerra de desgaste.
El trágico y épico Round 15
Bonavena iba abajo en las tarjetas pero por un margen estrecho;
Primer derribo:
Ali, con una lucidez quirúrgica, leyó el avance desordenado de Bonavena y conectó un demoledor gancho de izquierda cruzado al mentón. Ringo cayó aparatosamente. Segundo derribo:
Fiel a su orgullo, Ringo se levantó de inmediato, pero estaba conmovido. Ali fue por él y lo mandó a la lona de nuevo con un directo de derecha. El final:
Con las reglas de la época en Nueva York (donde no existía la regla de la esquina neutral obligatoria para reanudar el combate), Ali esperó a que Bonavena se levantara para fusilarlo con una última ráfaga. Bonavena cayó por tercera vez y el árbitro decretó el nocaut técnico a pocos segundos del final. Fue la primera y única vez en toda su carrera que Bonavena fue noqueado.
🎙️ Comentarios y Análisis Post-Pelea
El respeto mutuo: Tras la carnicería en el ring, las asperezas se disiparon. Bonavena se acercó a la esquina de Ali, le dio un abrazo y le dijo: "Perdón por decirte gallina. Ahora te digo campeón".
Ali, conmovido por la bravura del argentino, declaró que Bonavena había sido el rival más duro y resistente al que se había enfrentado hasta ese momento. La astucia táctica de Ali: Aunque Ali no mostró la velocidad de piernas de sus años dorados, dio cátedra de cómo resolver una pelea bajo extrema presión física.
Su golpe de contra en el asalto 15 fue una genialidad técnica nacida de la pura lectura del error de su rival. La guapeza indomable de Ringo: Bonavena demostró que no era solo un provocador.
Su estilo tosco, "a lo picapiedra", basado en una asombrosa resistencia al dolor, puso en aprietos al mejor boxeador de todos los tiempos. Aquella noche, Ringo no ganó el cinturón, pero se ganó el estatus de leyenda eterna del deporte argentino.
miércoles, 15 de julio de 2026
Cronica de la pelea entre Carlos morocho Hernandez vs Nicolino Loche en el luna park de Buenos Aires
Gustavo Hidalgo
La noche del 3 de mayo de 1969 quedó marcada a fuego en la historia dorada del boxeo sudamericano. El mítico estadio Luna Park de Buenos Aires, colmado hasta el delirio por más de 20 mil almas, fue el escenario de un choque de colosos con estilos diametralmente opuestos: el genio de la defensa evasiva, el argentino Nicolino Locche, defendía su corona mundial welter junior de la AMB frente al temible pegador venezolano y excampeón del mundo, Carlos "Morocho" Hernández.
Esta es la crónica de una batalla donde el peligro rondó el ring del Luna Park desde el primer segundo.
El Planteamiento: El Torbellino contra el Fantasma
Desde el campanazo inicial, la estrategia de ambos boxeadores quedó clara. "Morocho" Hernández, fiel a su estirpe de noqueador furibundo, salió a presionar con decisión.
Por su parte, Locche comenzó su habitual danza hipnótica. Con la guardia baja, apoyado en las cuerdas y usando únicamente los movimientos de torso y cabeza, empezó a tejer su telaraña defensiva, haciendo que los primeros bombazos del venezolano cortaran el aire de la noche porteña.
El Segundo Asalto: El Luna Park en Silencio
El drama llegó temprano en el segundo round. Hernández presionaba y metía velocidad en la corta distancia. En un cruce electrizante, "Morocho" esquivó un amago de Locche y descargó una bomba de derecha seca y tremenda que impactó de lleno en el mentón del campeón.
El impacto fue tan violento que rompió el equilibrio del mendocino. Nicolino Locche cayó a la lona.
El Luna Park enmudeció por completo. Era un momento dramático e histórico: el "Intocable" estaba en el suelo.
El Despertar del Campeón: Monólogo de Esquivas y Contragolpes
Pasado el tremendo susto del segundo asalto, Locche asimiló el peligro.
A partir del cuarto round, el combate cambió de rumbo de manera definitiva:
La evasión perfecta: Locche se recostaba en las cuerdas, ofrecía la cara y, con milimétricos movimientos de cuello, hacía pasar de largo los ganchos y cruzados de "Morocho".
El desgaste psicológico: Ver que sus mejores golpes solo encontraban el vacío empezó a frustrar y agotar físicamente al retador caraqueño.
El contragolpe preciso: Locche no solo esquivaba; salía de la zona de cuerdas con precisos ganchos de izquierda y cruzados de derecha que empezaron a inflamar el rostro de Hernández.
Para la segunda mitad de la pelea, el Luna Park ya no era un templo de nervios, sino un teatro. Al compás de cada finta de Locche, la multitud coreaba un unísono "¡Olé!" que retumbaba en las paredes del estadio.
El Desenlace
A pesar del cansancio y de la frustración de golpear al aire, "Morocho" Hernández demostró la tremenda valentía y el corazón de guerrero que siempre lo caracterizaron. Siguió buscando el golpe de gracia hasta el último segundo del decimoquinto asalto, pero la maestría técnica del mendocino fue demasiada.
Al sonar la última campana, no había dudas en el recinto. Las tarjetas de los jueces dictaron una decisión unánime a favor de Nicolino Locche, quien lograba retener con éxito su corona mundial welter junior ante su público.
"Morocho" Hernández cayó con las botas puestas, dejando claro en Buenos Aires por qué fue el primer campeón mundial en la historia de Venezuela. Mientras tanto, Locche agigantaba su leyenda como el artista más indescifrable que alguna vez pisó un cuadrilátero.
jueves, 9 de julio de 2026
Quien ganaría una pelea hipotética entre Carlos Zarate y Panamá Al Brown?
Moore vs Ramos , se recuerda con tristeza
lunes, 29 de junio de 2026
Un Recuerdo del gran Idolo mexicano: El Raton Macias
GH
El Ídolo de Tepito: Cuando Raúl “El Ratón” Macías Paralizó a un País
La noche que Raúl Macías subía al ring, México no cenaba. En los años cincuenta, las calles de la Ciudad de México se quedaban vacías, el tráfico de tranvías y automóviles se diluía y un silencio expectante se apoderaba de las vecindades. En las casas de los pocos afortunados con un televisor de pantalla gigante y perillas de madera, se amontonaban los vecinos; en las esquinas, los hombres se pegaban a las grandes radios de transistores. Todo el país se conectaba a una sola frecuencia cardiaca. El responsable era un muchacho menudo, de sonrisa franca y mirada limpia, que venía del barrio más bravo de la capital: Tepito.
Raúl "El Ratón" Macías no fue solo un campeón de boxeo; fue el primer gran ídolo de la televisión mexicana y, por encima de eso, el dueño absoluto del afecto de un pueblo que se veía reflejado en su nobleza.
Del Barrio a la Gloria
Nacido en la calle de San Juan de Letrán (hoy Eje Central), en pleno corazón de Tepito, Raúl aprendió a defenderse en un entorno donde los puños eran el pan de cada día. Sin embargo, a diferencia de los perfiles trágicos o violentos que suelen rodear al pugilismo, Macías guardaba una sencillez innata. Su apodo, "El Ratón", se lo ganó por su velocidad endiablada, sus movimientos eléctricos sobre la lona y esa capacidad escurridiza para golpear y salir ileso antes de que el rival pudiera descifrar el viento.
Su boxeo era pura técnica en la distancia corta y media, un peso gallo de un ritmo demoledor y un gancho al hígado que parecía ensayado por un cirujano. En 1952, tras un brillante paso por el terreno amateur que lo llevó a los Juegos Olímpicos de Helsinki, saltó al profesionalismo para iniciar una carrera meteórica.
El punto cumbre de su consagración llegó el 9 de marzo de 1955 en San Francisco, California. Frente al experimentado tailandés Chamrern Sonkitrat, "El Ratón" dio una cátedra de boxeo y pundonor, conquistando el campeonato mundial de peso gallo de la Asociación Nacional de Boxeo (NBA). Aquella noche, el réferi levantó el brazo del mexicano y la mística se selló para siempre.
"Todo se lo debo a mi mánager..."
A pesar de la fama, el dinero y los trajes impecables, Raúl jamás olvidó de dónde venía. Su carisma radicaba en que el éxito no le corrompió la brújula. Mientras otros grandes de la época se perdían en los excesos de la noche, él volvía a casa a comer con su madre.
De sus labios nació la frase más célebre en la historia del deporte mexicano, una jaculatoria que repetía después de cada victoria con una devoción auténtica:
"Todo se lo debo a mi mánager y a la Virgencita de Guadalupe."
Esa frase no era una pose; era el reflejo de una fe inquebrantable y del respeto absoluto por su mentor, Cuyo Hernández. El público, profundamente católico y arraigado a sus tradiciones, adoptó a Raúl no como un gladiador sediento de sangre, sino como al hijo ejemplar, al vecino que lo había logrado sin pisar a nadie.
Su popularidad fue tal que llenaba la Plaza de Toros México —un recinto diseñado para la fiesta brava— metiendo a más de 50,000 almas que coreaban su nombre bajo los focos de la noche. El cine de la época de oro no tardó en llamarlo, filmando junto a figuras de la talla de María Félix o Pedro Infante, compartiendo esa aura de galán de barrio que tan bien le sentaba.
El Retiro Prematuro y la Leyenda
La carrera de un ídolo suele ser un viaje de ida y vuelta, pero el "Ratón" supo bajarse del tren a tiempo. El 26 de septiembre de 1957, en una pelea que paralizó al continente, perdió el título ante el implacable franco-argelino Alphonse Halimi en Los Ángeles. Fue una decisión dividida y dolorosa, pero que no disminuyó un ápice el fervor de su gente.
Con un récord profesional de 41 victorias (25 por la vía del cloroformo) y solo 2 derrotas, Macías tomó una decisión inusual en el boxeo: se retiró joven, a los 24 años, en plenitud de facultades, cumpliendo una promesa que le había hecho a su madre. Sabía que el boxeo cobra facturas muy caras en la salud y prefirió colgar los guantes antes de que los golpes borraran su eterna sonrisa.
Raúl "El Ratón" Macías se marchó físicamente en 2009, pero su figura quedó congelada en el tiempo como el símbolo de una era dorada. Fue el boxeador que demostró que se podía reinar en el ring manteniendo la decencia y la humildad; el hombre que, cada vez que sonaba la campana, hacía que todo México se sentara a su mesa a esperar el triunfo del hijo del barrio.
Cronica de la pelea entre Nicolino Loche y Paul Fuji en Japon
GH
El 12 de diciembre de 1968, el mítico estadio Kuramae Kokugikan de Tokio se convirtió en el escenario de una de las mayores obras de arte de la historia del boxeo.
Esta es la crónica de una noche donde un hombre noqueó a su rival sin necesidad de demolerlo a golpes, sino destruyendo su espíritu.
El Contexto: El Toro contra el Torero
Takeshi Fuji era un campeón de una fuerza temible, un noqueador devastador que peleaba ante su público y que pretendía pasar por encima del retador argentino con su agresividad.
El Combate: Pegarle al viento
Desde el sonido de la campana inicial, la dinámica de la pelea quedó sellada.
Locche no usaba las piernas para correr por el ring; se plantaba a centímetros de Fuji.
Los primeros asaltos: Fuji lanzaba golpes que solo impactaban el aire. En el boxeo, no hay nada que agote más físicamente —y que destruya más psicológicamente— que errar un golpe con toda la fuerza del cuerpo. Fuji caía en el vacío, llegando incluso a perder el equilibrio por la fuerza de sus propios lances fallidos.
El martirio del Jab: Mientras Fuji se desgastaba, Nicolino comenzó su ofensiva de manera quirúrgica.
Con una izquierda relampagueante que funcionaba como un estilete, empezó a castigar el rostro del campeón. No eran golpes de nocaut, pero la precisión milimétrica del jab y los ganchos cortos al cuerpo empezaron a hacer mella. Para el quinto asalto, los ojos de Fuji ya daban muestras de una inflamación severa.
El Quiebre Psicológico
Hacia la mitad de la pelea, el Kuramae Kokugikan, que había comenzado con un rugido ensordecedor apoyando a su campeón, cayó en un silencio sepulcral, interrumpido solo por los murmullos de asombro. Lo que estaban presenciando no era una pelea, era un monólogo.
Locche, completamente relajado, empezó a desplegar su característico show. Apoyaba la espalda en las cuerdas, bajaba los brazos por completo, ofrecía la mandíbula y, con un juego de vista inverosímil, esquivaba ráfagas enteras de golpes de Fuji.
"Le bajaba los brazos, lo miraba de reojo como diciendo: '¿Esto es todo lo que tienes?'. La destrucción ya no era física; Locche le había quebrado el alma".
El Noveno Round y la Capitulación
Para el noveno asalto, la superioridad de "El Intocable" era absoluta. Fuji ya no veía los golpes;
Al sonar la campana que daba fin al noveno round, Fuji llegó a su esquina destruido.
Cinco segundos después de iniciar el décimo round, el árbitro Nick Pope decretó el nocaut por abandono (RTD).
Nicolino Locche se coronaba campeón del mundo de la manera más pura en la que se puede concebir este deporte: el arte de pegar y no dejarse pegar.
