Isaac “Pitbull” Cruz abandonó la tutela de su padre para convertirse en peleador del “Canelo Team” bajo la supervisión de Eddy Reynoso
De manera sorpresiva, Isaac “Pitbull” Cruz le dio la espalda a su padre quien lo convirtió en una promesa del boxeo mexicano y optó por convertirse en uno más de los peleadores del “Canelo Team” donde será entrenado por Eddy Reynoso.
Bajo la tutela de su progenitor, el peleador de 28 años llegó a ostentar el campeonato de peso superligero de la Asociación Mundial de Boxeo, en 2024. Sin embargo, consideró que requería de un nuevo coach con una capacidad superior para mejorar su récord profesional de 28 victorias, dos empates y tres derrotas
Por ello se sumó a las filas del grupo encargado de entrenar a Saúl “Canelo” Álvarez, donde espera encontrar una fórmula distinta para consolidar su carrera e incrementar sus 18 nocauts conseguidos hasta el momento.
Haber empatado frente a Lamont Roach Jr., en diciembre del año pasado le dejó un mal sabor de boca al “Pitbull” Cruz y de ahí la decisión de separarse de su padre como artífice de su carrera.
Su retornó al ring está programado para 19 de septiembre en la Pechanga Arena de San Diego, California, donde defenderá el campeonato interino superligero del Consejo Mundial de Boxeo (WBC) frente al puertorriqueño Néstor Bravo.
“Estoy extremadamente motivado para regresar al ring. Sé que Bravo está hambriento de gloria y espera dar la sorpresa, pero yo también tengo un objetivo muy claro: seguir demostrando que pertenezco a la élite del boxeo mundial”, señaló recientemente el peleador mexicano.
No obstante, Néstor Bravo será un hueso duro de roer, pues se presenta con una marca de respeto al sumar de 24 victorias, una derrota y 17 nocauts.
“Será un clásico entre Puerto Rico y México. Él es un peleador agresivo que siempre va hacia adelante, pero tengo las habilidades necesarias para ganar de cualquier manera. Puerto Rico tendrá un nuevo campeón”, anticipó el aguerrido boricua de 32 años.
La interrogante de este combate será ver qué tanto puede cambiar el estilo del “Pitbull” Cruz, un boxeador acostumbrado a intercambiar golpes y siempre dispuesto a ser él quien proponga los combates.
Todo parece indicar que David Benavidez peleará frente al polaco Michal Cieslak el día en que los mexicanos festejan a la Virgen de Guadalupe
Con el objetivo de mantenerse activo sobre el cierre del año, David Benavidez pretende poner a prueba a Michal Cieslak en un duelo que podría llevarse a cabo en la categoría de peso Crucero.
Después de que se cayó la negociación para sostener un combate frente al armenio Noel Mikaelian, el objetivo inmediato del “Monstruo” Benavidez es continuar demostrándole a la afición que es un boxeador con la capacidad necesaria para ser el próximo ídolo que el pugilismo demanda ante el declive o el retiro de varios peleadores a quienes el tiempo los está obligando a dar un paso al costado del ring.
A sus 29 años, el pugilista de Phoenix, Arizona, ya demostró que, en la división donde se presente, su variedad y potencia de golpes, así como los movimientos de cintura y su velocidad de piernas, le han permitido sobre salir al grado de ser uno de los monarcas más completos del momento.
Sin embargo, por alguna razón —en cierto grado todavía incomprensible— todavía permanece alejado del radar del Consejo Mundial de Boxeo (WBC) para darle el impulso que se merece y presentarlo al menos como aspirante a futuro rey del pugilismo.
Irónicamente, los logros hasta hoy conseguidos por Benavidez juegan en su contra, pues parece que rivales en teoría ya consolidados como Saúl “Canelo” Álvarez, Dmitry Bivol, Artur Beterbiev y Noel Mikaelian, se agarran de cualquier excusa para sacarle la vuelta.
Ante dicha complejidad, desde hace tiempo, en su esquina se han visto obligados a hacerlo subir y bajar de peso para conseguirle rivales para no dejarlo congelado.
Es así como se estaría a punto de concretar su pelea número 33, donde como adversario tendría al polaco Michal Cieslak, campeón interino del Consejo Mundial de Boxeo (WBC) en la categoría de peso Crucero.
Este peleador de 37 años sólo ha perdido dos de las 31 que ha disputado y en junio se impuso al canadiense Jean Pascal para proclamarse monarca universal.
En caso de que las negociaciones lleguen a buen término, Benavidez y Cieslak subirían al ring en Phoenix, Arizona, el 12 de diciembre, fecha en que los mexicanos festejan a la Virgen de Guadalupe.
Todo listo para el evento de este próximo 22 de agosto. “Rolly” Romero, vigente campeón de peso wélter de la AMB, defiende su cinturón ante Teófimo López.
El título mundial wélter de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) estará en juego el próximo 22 de agosto, cuando “Rolly” Romero defienda su cinturón ante Teófimo López en el T-Mobile Arena de Las Vegas. El combate representa una nueva prueba para ambos y puede marcar un momento importante en sus carreras dentro de las 147 libras.
La pelea será el evento principal de la cartelera. Romero (17-2, 13 KOs) llega a su primera defensa del título después de dar el salto al peso wélter. Tras perder ante Isaac Cruz en 2024, el estadounidense se recuperó con una victoria sobre Manuel Jaimes y posteriormente derrotó a Ryan García para convertirse en campeón de la AMB. López (22-2, 13 KOs), por su parte, ya sabe lo que significa ser campeón en otras categorías, pues conquistó títulos en las 135 y 140 libras, con victorias importantes ante Vasiliy Lomachenko y Josh Taylor.
El combate también tendrá un ingrediente especial fuera del ring. Romero y López han compartido sesiones de sparring y mantienen una relación cercana, pero ambos tienen claro que esa amistad quedará de lado cuando suene la campana. Romero incluso dejó claro que su objetivo está por encima de cualquier vínculo personal.
“Busco ser miembro del Salón de la Fama, igual que Teófimo. La única forma de hacerlo es atravesándonos el uno al otro”, afirmó el campeón.
Romero confía plenamente en el trabajo realizado junto a su entrenador y considera que la preparación será determinante para conservar el cinturón. “Ismael Salas sabe exactamente cómo entrenarme y en qué tenemos que trabajar para conseguir la victoria. El 22 de agosto vamos a demostrar a todos por qué nadie debería volver a apostar en nuestra contra”, señaló el campeón.
Más allá de los títulos y los antecedentes, Romero espera una pelea de mucha acción. El estadounidense descartó que alguno de los dos vaya a plantear un combate excesivamente defensivo y anticipó un intercambio constante sobre el ring.
“Esta va a ser una pelea llena de acción, del tipo Pelea del Año. Somos los luchadores más entretenidos del mundo. No huimos, nos gusta dar puñetazos”, sentenció Romero.
Hace unos días, los verdaderos aficionados al boxeo y los amantes de la historia del boxeo rindieron homenaje al difunto y gran Eddie Futch al conmemorar el aniversario de su nacimiento, el 9 de agosto de 1911. Pocos entrenadores en la larga historia del boxeo han gozado de mayor renombre o prestigio que Futch. Sin embargo, al reflexionar sobre este sabio y veterano gurú del ring, que siempre será uno de los mejores entrenadores de boxeo de todos los tiempos, no puedo evitar pensar que no se sentiría nada cómodo en el boxeo profesional actual.
Futch con Joe Frazier.
Recuerdo que a finales de los ochenta leí un artículo sobre Futch y me impactaron sus palabras. En aquel entonces, estaba furioso con uno de los boxeadores a los que entrenaba, el campeón de peso wélter Marlon Starling, por lo que Futch consideraba una retractación de Starling ante la posibilidad de enfrentarse a Mark Breland por tercera vez. Tras haber demostrado ser mejor boxeador que Breland en dos ocasiones (la segunda terminó en un controvertido empate), Starling simplemente se había hartado de él. Pero Futch creía que Starling había dado a entender que habría un tercer combate, que se había comprometido a ello, antes de retractarse de la tercera pelea. Y eso era simplemente un tabú para Eddie.
Así que no, probablemente Futch no se sentiría cómodo en la era del circo de Jake Paul, ni en las peleas en redes sociales entre tipos que no pelean mucho como Gervonta Davis y Devin Haney, ni en las peleas de exhibición sin sentido de Floyd Mayweather , ni en Canelo Álvarez evitando descaradamente a Gennady Golovkin y David Benavidez. Futch era un tipo directo y sin rodeos, y, seamos sinceros, estamos en una era donde casi se podría decir que la hipocresía domina el deporte. Futch tenía demasiado carácter para todas las tonterías que suceden ahora. Es interesante que Eddie se retirara justo antes de que el boxeo se marginara, dejando de ser un deporte popular. Se podría argumentar que, con Futch, toda una forma de pensar pudo haber abandonado el boxeo, un enfoque que enfatiza la integridad y el coraje. Al menos por ahora.
Un joven Futch posa para la cámara.
A decir verdad, Futch podría haberse retirado del boxeo en cualquier momento después de mediados de la década de 1970 y aún así habría sido recordado con respeto y admiración. Porque, si bien entrenó a una gran cantidad de campeones, su mayor logro fue la derrota de Muhammad Ali en marzo de 1971 en el Madison Square Garden. Fue allí donde guió al valiente guerrero Joe Frazier a la victoria sobre "The Louisville Lip", una de las mayores victorias de todos los tiempos en la larga historia del boxeo.
Como escribió The New York Times después de esa victoria monumental: "Futch se había dado cuenta de que Ali, que confiaba tanto en su rapidez que mantenía su mano derecha demasiado abierta para parar los jabs, era vulnerable al gancho de izquierda".
En otras palabras, el imparable Ali era, a ojos de Futch, un hombre formado en el boxeo de Detroit y antiguo compañero de entrenamiento del gran Joe Louis . Futch supo ver más allá de la exageración y sabía que había una manera de vencer a "El Más Grande". Frazier acabó derribando a Ali esa noche con su potente gancho de izquierda, imponiéndose en la que posiblemente sea la pelea más famosa de la historia del boxeo.
Futch con Ken Norton y Frazier.
Se enfrentaron por segunda vez en 1974 y Ali ganó la revancha, aunque no sin polémica, pues nadie puede negar que abusó de los agarres y forcejeos durante todo el combate sin consecuencias. El camino quedó allanado para un tercer y último enfrentamiento, uno que resolvería la cuestión de una vez por todas. La "Thrilla in Manila" sería, sin duda, un evento legendario, pero las acciones de un hombre destacarían por encima de todas las demás: ese hombre era Eddie Futch.
Antes incluso de que comenzara la pelea, Futch actuó como un estratega experimentado. Insistió en que se contratara un árbitro que no permitiera que Ali se aferrara excesivamente a su oponente. Luego, apartó a Frazier del foco mediático para que entrenara en relativo anonimato. Ali podía disfrutar de la atención de los medios; Futch y Frazier se centrarían en el arte del boxeo. Para cuando amaneció aquella fatídica mañana del 1 de octubre de 1975 en Filipinas, solo quedaba descubrir quién era realmente el mejor.
Ali y Frazier en Manila: “pura brutalidad”.
Ver la pelea ahora es realmente asombroso. En la era posterior a Tyson , es impresionante ver a los pesos pesados moverse con tanta rapidez. Ali, habiendo aprendido esta lección por las malas, comenzó manteniendo la mano derecha en alto. No se vio ni rastro de su famoso y arrogante movimiento de pies; estaba completamente concentrado. Frazier, en cambio, avanzaba como un pitbull, siempre atacando, y el movimiento de su cabeza hacía que su defensa pareciera engañosamente sólida. Al final, todo el encuentro fue pura brutalidad. Pero en lugar de centrarnos en las tácticas y los detalles del combate, reflexionemos sobre un momento que jamás debería olvidarse.
Era el intermedio antes del último asalto. Ali y Frazier se habían dado una paliza casi mortal, pero quedaban tres minutos. Tres minutos insignificantes. Y si Joe lograba ganar ese asalto con autoridad, tal vez, solo tal vez, la trilogía más famosa del deporte podría ser suya. Pero Futch miró el rostro maltrecho e hinchado de su pupilo en la esquina y supo que aquella brutal batalla tenía que terminar. Claro que, técnicamente, podría haber continuado; nada le impedía a Futch decir: "¿Quieres seguir? De acuerdo, inténtalo". Pero por principios morales, el sabio entrenador no veía otra opción. "Siéntate, hijo", dijo Futch. "Se acabó". Y jamás se pronunciaron palabras más misericordiosas y compasivas en un ring de boxeo.
En 1993, Futch, con aspecto severo, trabaja con Riddick Bowe.
Dicen que el combate entre Ali y Frazier es un legado que trasciende el boxeo. Y es cierto. Pero Futch trascendió el boxeo ese día al hacer lo correcto en lugar de lo fácil. Para él, fue una decisión justa y sin rodeos, y es algo por lo que se le recuerda con razón. Pero su carrera no terminó ahí. Dejó huella de otras maneras, con muchos otros campeones, como Larry Holmes , Riddick Bowe, Michael Spinks y Mike McCallum , por nombrar solo algunos. Sin duda, hubo más gloria por alcanzar, pero no cabe duda de que Manila es por lo que más se le recordará.
Futch con Mike McCallum, de “El ladrón de cuerpos”.
Futch dejó un legado impresionante. Basta con preguntarle a Freddie Roach , uno de los boxeadores de Eddie (quien le aconsejó a Freddie que dejara el boxeo mucho antes de que él mismo lo hiciera), y ahora uno de los entrenadores más destacados de este deporte. Roach reconoce a Futch como su mentor y no oculta la enorme influencia que tuvo en su vida.
Una última cosa: cuando veías una pelea importante por televisión, sabías que la cosa iba en serio al ver al Sr. Futch en la esquina de uno de los boxeadores. Puede que el púgil no siempre estuviera a la altura de las circunstancias, pero no cabía duda de que contaba con la guía de una mente táctica brillante y un entrenador de leyendas, uno de los grandes. Descansa en paz, Sr. Futch. El boxeo jamás te olvidará. — Sean Crose
Stanley Ketchel derribó al campeón pesado y segundos después terminó con sus dientes clavados en el guante del rival
Era campeón mundial mediano cuando decidió hacer una auténtica locura: subir para enfrentar al enorme Jack Johnson, campeón mundial de peso completo.
La diferencia física era brutal. Ketchel pesó alrededor de 170 libras mientras Johnson superó las 205.
El 16 de octubre de 1909 se encontraron en California y durante once rounds Johnson controló buena parte del combate. Entonces llegó uno de los momentos más salvajes de aquella época.
En el round 12, Ketchel conectó una derecha que derribó a Jack Johnson.
Por unos segundos, un campeón mediano había colocado en la lona al hombre que gobernaba los pesos completos.
Johnson se levantó y su respuesta fue devastadora.
Conectó una derecha sobre Ketchel que lo dejó completamente noqueado. El impacto fue tan violento que varios dientes delanteros de Ketchel salieron despedidos. Una de las historias más famosas de aquella pelea sostiene que algunos quedaron incrustados en el guante de Johnson.
Ketchel tenía solamente 23 años.
Lo más increíble es que jamás llegaría a cumplir 25. Menos de un año después fue asesinado de un disparo en una granja de Missouri.
Su carrera profesional duró apenas siete años, pero fue suficiente para convertirse en uno de los medianos más temidos de su época.
Hay fotografías del momento en que Ketchel derriba a Johnson.
Mírenlas con atención: durante unos segundos de 1909, un peso mediano estuvo a un golpe de protagonizar una de las mayores locuras en la historia de los completos.
La pelea estaba arreglada para que perdiera y terminó noqueando al campeón
Battling Siki protagonizó en 1922 una historia tan absurda que parece escrita para una película.
El senegalés enfrentó en París a Georges Carpentier, uno de los boxeadores más famosos del planeta y campeón mundial semipesado. Años después, Siki reconocería que existía un acuerdo para que él perdiera aquella pelea.
Pero algo salió terriblemente mal para quienes esperaban cumplir el arreglo.
Según los relatos históricos, Siki comenzó siguiendo el plan, permitiendo que Carpentier llevara la iniciativa. El problema fue que la pelea empezó a calentarse, recibió castigo y terminó haciendo exactamente lo que se suponía que NO debía hacer: comenzó a pelear de verdad.
Y cuando Siki peleó de verdad, Carpentier no pudo con él.
En el sexto round lo mandó a la lona y se produjo otra locura: inicialmente el árbitro declaró ganador a Carpentier alegando una falta de Siki. La reacción del público y los oficiales fue enorme y, después de varios minutos de confusión, la decisión terminó siendo revertida.
Battling Siki fue declarado campeón mundial.
Había aceptado participar en una pelea que debía perder y terminó noqueando al hombre al que supuestamente debía dejar ganar.
La vida de Siki terminaría siendo todavía más trágica: apenas tres años después fue encontrado muerto a tiros en Nueva York.
Pero aquella noche dejó una de las historias más insólitas del boxeo.
Hasta una pelea arreglada puede salirse del guion cuando uno de los involucrados decide que ya no quiere actuar.
Éder Jofre llevaba 50 peleas sin perder hasta que encontró al hombre que jamás pudo vencer 🥊
No era simplemente un campeón cuando llegó a Japón en 1965. Era “El Gallo de Oro” y uno de los mejores boxeadores libra por libra del planeta.
Llegaba invicto después de 50 peleas profesionales y había construido una racha de 17 victorias consecutivas por nocaut.
Entonces apareció Fighting Harada 🇯🇵😱
El japonés entendió que intentar boxear cómodamente con Jofre era una mala idea. En cambio, utilizó presión, volumen, velocidad y un jab constante para obligarlo a trabajar a un ritmo que no quería.
Después de 15 rounds ocurrió la sorpresa 👇
Harada ganó por decisión dividida y le propinó a Jofre la primera derrota de su carrera.
Podía parecer una mala noche. Así que hicieron la revancha un año después, esta vez en Brasil. Jofre estaba en casa y tenía la oportunidad perfecta para corregir la historia.
Volvió a perder. Harada ganó nuevamente después de 15 rounds.
Pero aquí está lo extraordinario: Jofre continuó su carrera, subió al peso pluma, volvió a convertirse en campeón mundial y no volvió a perder una sola pelea.
Terminó con récord de 72 victorias, 2 derrotas y 4 empates.
Esas dos derrotas tuvieron exactamente el mismo nombre: Fighting Harada.
Hay grandes campeones que encuentran un rival difícil. Éder Jofre encontró al único hombre que pudo vencerlo y tuvo la mala suerte de enfrentarlo dos veces.